EL LLAMADO DEL ENAMORADO ( KHALIL GIBRAN)
EL LLAMADO DEL ENAMORADO
(KHALIL GIBRAN)
¿Dónde estas, amada mía?, quizás en
aquel pequeño paraíso, regando las flores que te miran, como los bebes miran
los pechos de sus madres. ¿O en tu aposento, donde el santuario de la virtud ha
sido erigido en tu honor y sobre el que ofreciste mi corazón en sacrificio?, ¿O
entre libros buscando el saber humano, mientras esas colmada de celestial sabiduría?
Oh Compañera del alma mía, ¿Dónde estas? ¿Acaso estas orando en el templo? ¿O
llamando a la naturaleza en los campos, cielos de tus sueños?
Estas en las moradas de los pobres,
consolando al desdichado con la ternura de tu alma, eres por doquier el espíritu
de Dios: eres más reciente que los siglos.
¿Recuerdas el día que nos conocimos,
cuando el halo de tu espíritu nos envolvía y los ángeles del amor aleteaban
alrededor, elevando plegarias a las acciones del alma?
¿Te recuerdas cuando nos sentamos a
la sombra de las ramas, guarneciéndonos de la humanidad como las costillas
protegen del daño al divino secreto del corazón? ¿Recuerdas los campos y los
bosques que recorríamos, con las manos entrelazadas, y nuestras cabezas
reclinadas una contra la otra, como si nos estuviéramos ocultando de nosotros?
¿A caso te acuerdas del momento en que me despedí de ti, y del beso con que
sellaste mis labios? ¡Aquel beso me enseño que acercar los labios al amor
revela el celestial secreto que la lengua no puede pronunciar: aquel beso fue
la introducción a un gran suspiro, como la exhalación del todopoderoso que hizo
al hombre sobre la tierra. Aquel suspiro me condujo al mundo espiritual,
anunciando la gloria del alma; y allí se perpetuara hasta que de nuevo nos volvamos
a ver.
Recuerdo cuando me besabas y me
besabas, con lagrimas surcándote el rostro, y dijiste: “Los cuerpos terrenales
a menudo deben separarse con fines terrenales, y vivir separados por mandato de
la mundana intención. Pero el espíritu permanece a salvo unido en las manos del
amor, hasta que llega la muerte y lleva las almas unidas a Dios.
Ve, amado mío, la vida te ha elegido
su delegado; obedécela, pues es la belleza que ofrece a su fiel la copa del cáliz
de la vida.
En cuanto a mis brazos vacios, tu
amor seguirá siendo mi conformante novio; tu recuerdo mi eterna boda.
¿Dónde estas ahora, mi otro yo? ¿Permaneces
despierta en el silencio de la noche?, deja que la limpia brisa te lleve cada
latido de mi corazón. ¿Dibuja mi rostro en tu recuerdo? Esa imagen ya no es la mía,
pues la tristeza ha derramado su sombra sobre el dichoso semblante del pasado.
Los sollozos han marchitado los ojos que reflejan tu belleza y han secado los
labios que endulzadas con tus besos.
¿Dónde estas, amada mía? ¿Oyes mi
llanto desde el otro extremo del Océano?, ¿Comprendes mi necesidad? ¿Conoces la
grandeza de mi paciencia? ¿Hay algún espíritu en el aire capaz de transportar
el halito de este agonizante?, ¿Hay alguna comunión secreta entre los ángeles
que te lleve mi queja?, ¿Dónde estas mi
bello astro? Las tinieblas de la vida me han arrojado a su seno; la tristeza me
ha vencido. Haz volar tu sonrisa en el aire; ¡Me llegara y me hará revivir!
Exhala al aire tu fragancia, ¡me mantendrá vivo!
Oh, ¡Cuan grande es el amor!
¡Y Cuan pequeño soy!
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